True Blood (Temporada 2)

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La semana pasada finalizó la segunda temporada de True Blood y la verdad es que nos ha mantenido en alerta todo el verano. Con contundencia, esta temporada es superior a su predecesora. Esto no es un secreto, tanto seguidores como críticos comparten esta opinión. Esta temporada han sabido plantear dos tramas interesantes, jugar bien con ellas y ofrecer la correcta conclusión de ambas.

El trabajo de Anna Paquin y Stephen Moyer, como Sookie y Bill, es lo menos destacable y apenas se nota que la relación sentimental entre estos actores se ha extendido al plano personal. Lo que hace grande esta segunda temporada es que es muchísimo más coral, estableciendo un interesante equilibrio entre los diversos personajes de la serie, acabándolos de dibujar. Durante los episodios conocemos más sobre Sam, Eric, Hoyt, Jessica, Lorena, Andy, Jason o Laffayette (mi preferido). Si hay que darle un premio al mejor trabajo de la temporada se lo doy de cabeza a Michelle Forbes (vieja conocida de los seguidores de Battlestar Galactica) por su interpretación de Maryann Forrester, la ménade que la lia parda en Bon Temps.

La historia de la Hermandad del Sol refleja muy bien otro de los aspectos de los estadounidenses sureños, mostrando una devoción que apela al odio y enriquece al gurú de turno. Pero también en esta parte se nos presenta a uno de los mejores personajes de la serie, Godric (Allan Hyde), para luego arrebatárnoslo cruelmente.

En general la temporada se desarrolla bien, lamentablemente, en la segunda mitad del último episodio los guionistas pierden el norte y se pasan tres pueblos. Estoy hablando de la situación entre Eggs, Andy y Jason. La mire por donde la mire, no le encuentro sentido. Tras el habitual cliffhanger, nos quedamos esperando que la tercera temporada no tarde demasiado.

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