20th Century Boys (Partes 2 y 3)

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Estaba ansioso por ver el desenlace de la adaptación cinematográfica 20th Century Boys después de la disfrutable primera entrega que ofreció la edición del Festival de Sitges en 2008. Este año volvían las aventuras de Kenji y compañía a Sitges, no solo con la segunda entrega, sino también con su conclusión. Voy a hacer una pequeña reseña conjunta ya que no vale la pena separarlas.

La segunda parte de 20th Century Boys abarca el futuro de los acontecimientos ocurridos en la previa película, y se centra, más o menos, en el personaje de Kanna, sobrina de Kenji. Lamentablemente las magníficas historias que nos cuenta Naoki Urasawa en el genial manga homónimo se ven maltratadas en una adaptación completamente desdibujada que resta intensidad a la historia. En lugar de hacer hincapié la acción, se limitan a mostrar la resolución de unos cuatro o cinco misterios acerca de la identidad de Tomodachi. Jamás les perdonaré que se saltaran a la ligera la huida de Otcho de la prisión o lo descuidado que está el personaje de Kyoko Koizumi, a parte de que Kanna no tiene toda la credibilidad que debería. Se podría interpretar esta entrega como una preparación del desenlace.

La tercera y conclusiva parte de la saga probablemente remonte un poco el vuelo. Aquí se deja ver porque no funciona la segunda parte: la falta de humor. En 20th Century Boys 3 reaparece el personaje de Kenji y, con él, los toques de humor que tanto le hacen falta a una trama tan sesuda. También retoma los acontecimientos de la infancia de los chicos, otorgándole la misma esencia que la primera película. Esta entrega es más trepidante que la segunda, tiene más acción y menos conspiraciones lo que la hace muchísimo más llevadera y, como me pasó con la primera, no quería que se acabara. El final emotivo enlaza con un epílogo muy cálido y bonito, probablemente lo mejor de la cinta.

Haciendo un balance de las tres películas, se puede decir que la adaptación es bastante mejorable. Es una lastima que Nippon Terebi no haya apostado por el formato dorama para dar más cabida a la historia. Seguramente les habrá salido rentable, pero deja una sensación agridulce a los seguidores de la obra maestra de Naoki Urasawa.

¡Viva Kenji, cojones!

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