confessions Cuando uno ve el trailer de la película no se puede imaginar por donde pueden ir los tiros. Sólo se saca en claro una cosa: han matado a la hija de la profesora y alguien tiene que pagar por ello. La película arranca con un prolongado monologo, que sobrepasan los 20 minutos, de la profesora Moriguchi (Takako Matsu) sobre sus motivos para dejar el trabajo, el comportamiento de sus estudiantes ante la muerte de su hija muerta, según la policía accidentalmente. Ella conoce la identidad de los asesinos y asegura que pagaran por ello. A partir de ahí la película ofrece la versión de los hechos de cada uno de los implicados y las consecuencias que el incidente ha tenido en sus vidas. Desde los estudiantes implicados a sus familias.

Confessions fue uno de los platos fuertes de la última edición del festival de Sitges. El propio director, Tetsuya Nakashima, comentaba antes de la proyección su sorpresa ante el éxito que está teniendo en su país, llegando a ser escogida para representar a Japón en la próxima edición de los Oscar. Es una película sobre la juventud y la descontrolada actitud que tienen estos días. Se ha convertido allí en una película destinada para el público joven, tanto que al pobre Nakashima, según contó, no le dejaban asistir a las ruedas de prensa de presentación por ser demasiado viejo.

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La película está narrada con verdadera crudeza y sobretodo con el brutal cinismo que demuestran los jovenes. Se abordan varios temas preocupantes como el acoso escolar extremo, lamentablemente tan presente en los centros nipones, como el hikikomori en el personaje Naoki, uno de los implicados en el asesinato, que a su vez maltrata a su madre de mala manera siendo todo un «benkei de la casa» (mierdecilla que se desquita de sus miserias maltratando a la familia) como definió el autor (y, para mi, sociologo de la juventud nipona) Kohji Kumeta en Katte ni Kaizo. Así pues, en film abarca también lo delicado y complejo de los lazos familiares, también en el personaje de Shuya, el otro implicado, cuya madre pasó de él para centrarse en su carrera profesional. Pero sobre todo, Confessions es una historia de venganza sobrecogedora e inquietante por parte de la profesora Moriguchi. No quiero explicar nada por miedo a desengranar la astuta estrategia de esta que tanto sorprende al finalizar la película.

Nakashima ha optado, para acompañar la historia, utilizar música indie, encontramos música de Radiohead pero sobretodo de la banda indie nipona Boris y por supuesto, como en toda película japonesa, no faltan piezas de música clásica. Todo ello para poner sonido a la magnífica fotografía de MAsakazu Ato, habitual en las producciones de Nakashima que, por cierto, también dirigió la estupenda y muy diferente Kamikaze Girls (Shimotsuma Monogatari), que ya reseñé en su día en el blog.

Concluyendo, esta es la película más elaborada y completa que he visto este año en Sitges. Un crudo retrato de una sociedad de la cual estamos acostumbrados a oir que están como una chota. Confessions lo muestra y, prácticamente, lo denuncia. Si tenéis ocasión, disfrutadla.

Si queréis otra reseña, aquí tenéis la de los compis de Dimsum Cinema.

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