Red Dead Redemption

Red_Dead_Redemption«Así que… este es el fin.» Es lo que pensó John Marston mientras los últimos rayos del atardecer rebotaban sobre el charco de sangre sobre el que estaba tendido. Moribundo frente al gran portalón de Fort Mercer, pensaba en su familia y se lamentaba. Abigail. La conoció cuando era un forajido y formaba parte de la banda de Dutch. Ella era una prostituta de las que solían recibir frecuentemente a la banda, pero no le importó en absoluto para hacerla su esposa. Juntos se alejaron de sus viejas vidas para empezar una nueva criando a su hijo Jack. En el fondo de su corazón, la tristeza se mezclaba con la impotencia de no poder verlos de nuevo. Marston pensaba en los responsables de su lamentable situación y la rabia entraba en juego. El gobierno, desde su sede en Blackwater, hurdió un plan para secuestrar a su familia, utilizándola de moneda de cambio para obligarle a rastrear a sus antiguos compañeros de fechorías. Bill Williamson era el primero de la lista. La camaderia de Williamson ante un viejo amigo dejaba mucho que desear. Un disparo de fusil en el estomago de Marston fue la rúbrica de su bienvenida. Dándolo por muerto, se dió la vuelta, y volvio entre risas con los miembros de su banda atrincherada. John cerró los ojos y la noche cayó sobre él. «Así que… este es el fim«.

Dias después John despertó en el camastro de una cabaña. La fortuna quiso que Bonnie McFarlane pasara por Fort Mercer con su carruaje y algunos de sus hombres. Al ver al hombre herido, lo llevo a su rancho familiar y le obsequió con sus cuidados. John, agradecido, congenió enseguida con Bonnie y comprobó de primera mano lo que suponía recibir una dosis de bondad desinteresada. Los días de su recuperación los pasó ayudando a la joven ranchera. Pero cada minuto que pasaba no olvidaba a Williamson. Tarde o temprano estaría listo para volver a la caza. Esta vez no lo haría por orden del gobierno. Lo haría por el placer de ver dar con su cuerpo, inerte por un balazo, sobre la tierra.

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Esta introducción requiere cierta inspiración. Creedme cuando os digo que todo en Red Dead Redemption es inspirador. La inmersiva experiencia que ha conseguido el equipo de Rockstar, creadores de la saga Grand Theft Auto, no es para menos. Indiscutible y reconocido mejor juego del 2010, el título sería capaz de abofetear el rostro de aquellos que niegan la vertiente artística de los videojuegos o su capacidad para contar historias.

Los diferentes niveles estéticos que se alcanzan en los diversos parajes del amplio mapeado son inmejorables. Tanto las áridas llanuras mexicanas como los frondosos bosques del norte son estampas alucinantes en cualquier momento del día y bajo cualquier condición climatológica. Bill Elm y Woody Jackson redondean la experiencia con una banda sonora excepcional que acaba de meternos por completo en el oeste de 1911.

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Por supuesto la libertad no se convierte unicamente en la habitual característica de los juegos Rockstar, la libertad de elección va implícita en el carácter de llanero solitario del señor Marston quien, a lo largo de si periplo principal, se ve envuelto en diversas situaciones al atender de manera desinteresada las peticiones de pintorescos personajes. Por no hablar las misiones de caza recompensa que subiran la fama y el honor del pistolero, y evidentemente la cartera.

Lo único reprochable del título es cierta parte de la historia en la que Marston no tiene demasiada coherencia a la hora de escoger sus misiones y estas no tienen las consecuencias que podría esperarse de ellas. Pero, vamos, Red Dead Redemption se puede interpretar como un libro en cuyas páginas tenemos un amplísimo margen para anotaciones gracias a la ya mencionada libertad.

Más que un juego, una experiencia y un nuevo referente en el genero western abarcando todas las disciplinas artísticas y culturales de este.

Y ahora deja de leer y juega.

P.S. Tenéis un análisis más detallado en Xboxgo.es

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