Tras una dura batalla, el rey Sharaman toma el reino de Azad venciendo a las tropas del Maharaha del lugar gracias a la tración del Visir de este. Mientras, su hijo, el príncipe, logra acceder al interior de la fortaleza y a la cámara del tesoro de esta, lugar de donde coge una daga de la cual descubre, accidentalmente, que tiene el poder de retroceder el tiempo. El Visir anhela la daga que el príncipe ha cogido y engaña a este para clavarla en el reloj que encierra las arenas del tiempo convirtiendo a todos en Azad en terribles monstruos de arena. Con la ayuda de la hija del Maharaha, Farah, el príncipe intentará deshacer el entuerto.

Prince of Persia: The Sands of Time (o Las arenas del tiempo) es uno de esos títulos considerados clásicos que no había completado todavía. Lo dejé a mitad en su versión de Xbox, por culpa del salto a la nueva generación, y no ha sido hasta su llegada remasterizada a Playstation 3 que lo he completado. El juego fue lanzado en 2003, y fue el primer Prince of Persia tridimensional en calar en la cultura videojueguil debido al auge de las nuevas consolas domésticas. Realmente, cuando uno juega a este título realmente puede ver todo lo que los actuales juegos le deben.

Las arenas del tiempo no sólo fue un revulsivo para la franquicia creada por Jordan Mechner, sino que lo fue también para los juegos de acción y plataformas en una época en la que a Lara Croft comenzaban a fallarle sus poligonales encantos.  Los críticos y jugadores se rindieron a las aventuras del príncipe sin rechistar. Sin embargo… ¿ha envejecido bien?  Se podría decir que si. Antes que Altair o Ezio  escalaran grandes torres acongojados por el paisaje ofrecido por las alturas, el principito ya hacía de las suyas aquí de manera bastante resultona. Sin embargo en el plataformeo, el punto fuerte del juego, el buen control es indispensable y aquí a veces se echa en falta ya que la nada amistosa cámara hace de las suyas varias veces, por no hablar de lo complicado es en algunos momentos rebotar de una pared a otra varias veces consecutivas. Las batallas son bastante monótonas y aburridas, los tipos de enemigos se pueden contar con una mano y la mayor dificultad reside en la cantidad de enemigos a la vez que tenemos que vencer antes de seguir haciendo de funambulista, además el «jefe» final es demasiado fácil. Aún así el juego se puede considerar una clase magistral de buen gameplay y equilibrio entre géneros.

Sobre la versión de Playstation 3 no se puede decir demasiado a su favor. Si ya en la Xbox había veces que se ralentizaba el comportamiento del príncipe, en la versión remasterizada hace lo mismo. Y es que en lugar de ofrecer una remasterización cuidada, como los títulos de God Of War o Sly Cooper, se han centrado en realizar una conversión 3D para aquellos afortunados que cuenten con una tele que lo tolere. No es mi caso, así que no puedo opinar sobre la presunta calidad de la experiencia de juego en 3D. Al menos la imagen luce más limpia y nítida que nunca. Respecto al sonido, este título se hace la picha un lío con el sonido 5.1 y la gestión de canales ya que a veces es prácticamente imposible oir lo que dicen, y eso que el doblaje es superior al de los juegos de aquella época.

Anyway, este juego no deja de ser una asignatura troncal para los jugadores. Recomendable al 100%.

 

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