Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo

Dastan (Jake Gyllenhall) fue recogido de niño de las calles por el rey Sharaman (Ronald Pickup), conmovido por su valentía. Años mas tarde, se encuentra en las filas del ejercito que se prepara para atacar Alamut por consejo de Nizam (Ben Kingsley), hermano del rey. La ciudad esta protegida por una vieja orden liderada por la princesa Tamina (Gemma Arterton) descendiente de los guardianes de las arenas del tiempo, el verdadero motivo de la ambición de Nizam quien, tras tomar Azimut con éxito, tiende una trampa a Dastan poniendo al pueblo en su contra y forzándolo al exilio con la forzosa compañía de Tamina.

No, no repito artículo, el título esta bien. Siguiendo el verano «princeofpersil», he decidido hablaros un poco de la película que se estrenó el año pasado sobre la franquicia creada por Jordan Mechner. La vi el año pasado en el cine pero, como no hablé de ella, voy a aprovechar para hacerlo tras revisionarla en versión original. La todopoderosa mano de Disney  ofrece un producto familiar producido por Jerry Bruckheimer,  asociado a títulos verdaderamente infames como Armageddon y Pearl Harbour pero cuya saga de Piratas del Caribe, también trabajando para Disney, le salió más que rentable. Para dirigirla contaron con Mike Newell, director de insustanciales comedias británicas y de la peor entrega de la saga cinematográfica de Harry Potter.

Como veis, los ingredientes para el desastre estaban servidos y esperaba una película de esas que les dan motivos a los gafapastas de reafirmar la teoría sobre las películas basadas en videojuegos. Pero hay que matizar. A pesar del título, la película no tiene absolutamente nada que ver con el juego  homónimo  más allá del recurso de las arenas. ‘Inspiración’ sería la palabra adecuada para definir su relación con los juegos, aunque puestos a buscar paralelismo con estos, habría que retoceder al Prince of Persia 2 (1993) para encontrar las mayores similitudes. Lo digo más que nada por eso del príncipe desterrado que lucha por limpiar su nombre y las batallas por los tejados. Tampoco se han cortado a la hora de meter mano a otros títulos de Ubisoft al introducir al clan de los Hassassins, aunque distan bastante de los mostrados en Assassin’s Creed.

A pesar de las premisas y ante mis sorpresas, no puedo considerar Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo como una película fallida ni una super producción pretenciosa. A pesar del príncipe anglosajón con cara de simpaticote y la princesa top-model de perfecto acento británico, el resto no chirría demasiado a pesar de utilizar recursos argumentales mas vistos que el famoso gol de Iniesta. La relación entre Dastan y Tamina recuerda bastante a la del principe y Elika en el juego de 2008, o a la de Indiana Jones y Willy en sus aventuras contra el culto toogie. Chica tozuda vs. chico arrogante que sabe lo que hace…¡fight!

Pero al final triunfa l’amour

Al príncipe se le conoce por su habilidad con el parkour (moverse por paredes y cornisas como quien baja al parque) pero, a pesar de estar presente, no explotan demasiado el recurso. La toma de Alamut es probablemente la escena más atractiva en lo que a acción se refiere, pero es la primera y el resto de escenas de aventura no están a la altura de esta. En definitiva, podrían haberlo hecho peor, pero no estamos ante un producto infumable (como, por ejemplo, Avatar). La película es entretenida y saca un aprobado más que merecido, ganándose a pulso el sello de «película de sobremesa para ver mientras la sangre está en el estomago y no en el cerebro». Si yo fuera Jordan Mechner, no me molestaría que asociaran el nombre de mi franquicia de videojuegos con esta película. Shigeru Miyamoto no puede decir lo mismo de su fontanero.

Resumiendo, que tiene mi thumb up.

 

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