God of War: Ascension

God-of-War-Ascension-Game-CoverEsta semana santa, mientras unos celebraban la ascensión de Jesucristo al reino de los cielos, he optado por otra mitología diferente y he recorrido el viejo nuevo viaje de Kratos para lidiar con los dioses del Olimpo.  O, más bien, con las furias. Kratos ha roto su juramento con Ares, dios de la guerra, y por ello es perseguido y capturado por las protectoras de juramentos. Aquejado de horribles visiones relacionadas con la pérdida de su familia, Kratos busca lidiar con las furias e iniciar el camino, conocido por todos, que le acercará al Olimpo y a su venganza.

Tras un redondo desenlace a una (falsa) trilogía, el equipo de Sony Santa Monica decidió que era hora de resucitar una de las gallinas de oro de la compañía. Tres años más tarde nos llega, en forma de precuela, God of War: Ascension.  El retorno del espartano más famoso de los videojuegos se salda con una modesta acogida y la introducción de un modo multijugador que debo admitir que me ha sorprendido gratamente después de haber probado una insulsa versión beta.

¿Ascensión? Va a ser que no.

Decepción puede ser la primera palabra que puede llegar a nuestra cabeza después de las primeras horas a los mandos. La idea de ver a Kratos en una empresa igual (pero diferente) a la de sus tres títulos principales no llega a asentarse apelando constantemente a la nostalgia de la epicidad de sus anteriores (pero posteriores,¡ay que lio!) aventuras. No es que este título no intente ser épico, tal vez el problema es que lo intenta demasiado. Vale que la factura técnica es excelente, pero las luchas con monsturos gigantescos se traducen en graves problemas de cámara que hacen que, en ocasiones, estés jugando a una edición digital de «¿Donde esta Wally?«.

A pesar del mencionado problema de cámara en determinados momentos del juego, la evolución de la jugabilidad a lo largo del título es positiva, va mejorando y se empieza a disfrutar gracias a los cachivaches que permiten a Kratos controlar el tiempo o desdoblarse, llegando a evocar la jugabilidad de títulos indie como P.B. Winerbottom o Cloning Clyde, pero con mucho más presupuesto. Por lo demás, sigue siendo más de lo mismo excepto por la exclusión en esta entrega del mini-juego de zumbarse a jovencitas, pero no os preocupéis que continúan con la manía de ponerle tetas a la mayoría de bichos.

En definitiva, estamos ante un título con regusto a fin de fiesta. Se disfruta, pero lo mejor ya ha pasado. Es hora de que dejen a Kratos subir a los campos Elisios y descansar con su familia. 7.

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