Improvisación: Muerte al cliché.

Hoy quiero hablaros sobre la originalidad en la improvisación. Vale, sí, pensaréis que en improvisación todo es original, único e irrepetible. Esto es cierto… peeeeero… siempre se salen a flote ciertos patrones que a un espectador educado (y por educado me refiero a que tenga cultura de impro) le pueden parecer tediosos. Los malditos clichés.

Si funciona, no lo toques. Probablemente habréis escuchado esto más de una vez y, en improv, funciona. Un cliché bien ejecutado se gana al público instantáneamente pero, ¿es esto lo que queremos hacer? Si, podría salir a escena interpretando a un personaje que a cada paso que da se tira un pedo (¡Bam, cliché!) y acude a la ayuda de un doctor… que no entiende su letra (¡Bam, cliché!). Probablemente salga una escena divertida y el público quede saciado con este humor con filosofía de comida rápida, poco elaborado. Pero, como improvisadores, tenemos que exigirnos más.

Hay clichés más aceptables que otros. En España todavía somos bastante cerriles y si tiene que aparecer un personaje negro en escena enseguida se recurren a clichés bastante ofensivos como el uso de lenguaje nativo y gutural y/o simular que se tiene un gran pene. Si el personaje es asiático se tiende a imitar a Mickey Rooney en «Desayuno con diamantes». Otro caso es cuando aparece una pareja romántica en escena, el 99% son hombre y mujer y demasiadas veces la mujer es retratada como sumisa y tonta (sobretodo si es el hombre el que está representando el papel de mujer). De como se retratan a las parejas homosexuales… mejor no hablamos, ¿verdad? Tampoco mencionaremos las bromas escatológicas. Lo que vengo a decir con esto es que los clichés son una puerta enorme y dorada hacia el chabacanismo, y eso deberíamos haberlo dejado aparcado en los años 70.  Otra forma de cliché es recurrir a chistes populares o, en el caso de las improvisaciones cantadas, canciones conocidas. En un match de improvisación, según las normas internacionales, todo lo mencionado en este párrafo debe ser penado.

Ojo, yo he caído en el cliché en ocasiones. Mas que caído, arrastrado cuando ves que no se puede levantar la improvisación. Luego me he sentido sucio, por mucho que haya funcionado. ¿Qué hay que hacer entonces para no caer en el cliché? Fácil. Sólo hay que jugar.

Si observáis a los niños jugando (no vayáis a un parque para que no piensen que sois pederastas) podréis observar que su bagaje cultural es muy limitado, por lo tanto no pueden caer en clichés con la facilidad con la que lo hacen los adultos. No les queda otra que usar la imaginación, palabra mágica que comparte las dos primeras letras con improvisación. Como improvisadores hemos realizado muchos ejercicios para estimular la imaginación y darle vueltas a cualquier situación. Jugar a construir espacios. Jugar con las palabras (la homonimia y la polisemia dan mucho juego). Buscar el elemento sorpresa. Las herramientas del improvisador son muchas. Vamos a usarlas, siempre que podamos, para construir arte de cada improvisación. Ese debería nuestro objetivo.

Hasta aquí mi reflexión de hoy.

Saludos improvisados. :*

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