Mi Japón en la decada de mis 20 no es el mismo que el que és ahora. Ambos hemos cambiado. Tokyo ya no es para mí. Me agobia la gente. Ya no miro a los rascacielos sino a las montañas. Y recuerdo por qué me gusta Japón. Esta vez, me he traido mucho más dentro de mí que dentro de una maleta. Feliz 2017.

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